Un manifiesto de historiadores franceses, algunos de ellos de la talla de Marc Ferro, Pierre Nora o Mona Ozouf, recordaba hace algunos años, frente a los políticos que se atreven a legislar cómo fue el pasado –– de la experiencia colonial a Armenia –– lo siguiente:
"La Historia no es una religión. El historiador no acepta ningún dogma. El historiador puede ser irritante. La Historia no es la moral. El papel del historiador no es exaltar o condenar sino explicar. La Historia no es la esclava de la actualidad. El historiador no aplica al pasado esquemas ideológicos contemporáneos y no introduce en los acontecimientos de otras épocas la sensibilidad de hoy. La Historia no es la memoria. La Historia no es un objeto jurídico. En un Estado libre no corresponde ni al parlamento ni a la autoridad judicial definir la verdad histórica. La política del Estado, aún cuando esté animada por las mejores intenciones, no es la política de la historia".
Ante los nuevos intentos de falseamiento y manipulación no cabe mejor enumeración de los viejos principios.
Transcribimos la traducción literal del texto original:
Preocupados por las intervenciones políticas cada vez más frecuentes en la apreciación de los acontecimientos del pasado y por los procedimientos judiciales que afectan a historiadores y pensadores, nos vemos obligados a recordar los siguientes principios:
Nosotros pedimos la abrogación de estas disposiciones legislativas indignas de un régimen democrático.
Firmantes, al día de hoy, 14 de Diciembre de 2005.
Jean-Pierre Azéma, Elisabeth Badinter, Jean-Jacques Becker, Françoise Chandernagor, Alain Decaux, Marc Ferro, Jacques Julliard, Jean Leclant, Pierre Milza, Pierre Nora, Mona Ozouf, Jean-Claude Perrot, Antoine Prost, René Rémond, Maurice Vaïsse, Jean-Pierre Vernant, Paul Veyne, Pierre Vidal-Naquet et Michel Winock.